
Por Caroline Moren
Ser mujer no fue fácil, por costumbres algo patriarcales fuimos consideradas sexo débil, nuestra carrera era “matrimonio” y la meta “hijos”‘… en fin, por eso ser mujer y ciclista fue algo más engorroso, a fines siglo XIX al pedalear y mostrar bajo faldas de seda las pantorrillas, era condenada socialmente, claro que el que pestañea pierde y sin perder oportunidad, acérrimas féminas en busca de igualdad de género usaron a la santa cleta como herramienta de emancipación.
Sin dudas que ambas -bicicleta y mujer- son excelente equipo y cada vez más felinas-aperradas ciclistas se observan en las calles.
En cleta se puede, como dice jerga de tránsito, hacer “un cambio de luces” o coquetear (bicípedas, con un pestañeo) y con la magia de ambas casi se logra flotar sobre el congestionado imperio motorizado y los insensibles entes humanos en supuestas “cajas de seguridad” que experimentan deseos insatisfechos, anhelos vagos, ansiedades desfallecientes, obligaciones mórbidas y vacuidades melancólicas. Ven así una mujer que pedalea, que avanza a su ritmo, decidida, un poco distante e inalcanzable, como un sueño lejano.
Por tiempo, salud y belleza, vamos cleta y mujer!!!
Fotografía: Pp Vaz

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