Parece ser una tradicción a la que estamos acostumbrados. Tragedias que se ocultan bajo una costra putrefacta indolora.
Este fin de semana de celebracion de fin de año dejó un total de 20 muertos en el país. El más grave de los siniestros se produjo en Colina, en las afueras de Santiago, donde un conductor completamente ebrio perdió el control de su auto y atropeyó a un grupo de personas, de las cuales murieron 6 además de la esposa del conductor.
Accidente, le llama la prensa. Sin embargo este hecho tiene muy poco de involuntario. Las razones que gatillaron el siniestro son conocidas, exceso de alcohol combinado con la operación de una máquina que tiene el potencial de causar enormes daños. Incluso se buscó responzabilizar a Carabineros.
El asunto ya tiene notoriedad en la prensa, la que podría durar algunos días más. Destaca una nota aparecida hoy en el diario El Mercurio, que invita a descubrir parte de lo que sería el origen del problema: la facilidad con la cual se obtienen licencias para conducir en Chile.
Responder un examen escrito cuyas respuestas ya se conocen, declarar un examen médico sólo de trámite y dar una vuelta a la manzana con un somnoliento inspector al lado.
Así de fácil puede llegar a ser la obtención de una licencia de conducir clase B, que rige para automóviles particulares, en una municipalidad.
Con esta acertada declaración comienza la nota el periodista Rodrigo Silva.
Si bien la mayoría de los expertos y alcaldes entrevistados coincide en lo obsoleto del sistema de evaluación, Pablo Zalaquett, responsable de la comuna de Santiago peinsa un poco distinto:
No creo que la prueba sea tan mala porque de lo contrario tendríamos más accidentes. Los más graves comúnmente ocurren por ebriedad o exceso de velocidad, y no porque las personas no sepan conducir. De cualquier forma, creo que estamos en un buen momento para revisar la legislación
Sin embargo es el mismo presidente de la Agrupación de Automovilistas de Chile (AUCH!), quien reconoce que los chilenos no somos buenos conductores.
Parece bastante sensato entonces que se hagan modificaciones a la legislación y con ellas se regule con mayor fuerza todo lo relativo al uso de vehículos motorizados, especialmente vehículos particulares.
Características y conductas humanas como la irresponsabilidad, la falta de experiencia, el consumo de alcohol, el exceso de velocidad, agresividad y poca conciencia con el entorno, multiplican su efecto a niveles fuera de toda proporción humana cuando se está al mando de una máquina de más de 2 toneladas, que legalmente puede circular a 60km/h en la ciudad y cuyo volumen permite amplificar la zona de daño. Esto con sólo recibir una “orden desmedida” por parte de su conductor.
La legislación debe incorporar un sistema de escalas de responsabilidad. Mientras mayor sea el peso, volumen y velocidad del vehículo conducido, mayor debe ser la responsabilidad de quien lo comanda.

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