Con mayor frecuencia están apareciendo reclamos de ciudadanos que en condición de peatones, ven vulnerada su tranquilidad y seguridad por la circulación de usuarios de la bici en las veredas. Hoy en La Tercera aparece un artículo que describe la cruzada de un ciudadano que sale a defender el uso exclusivo de las veredas para peatones. Razón justa, ya que es así como el uso de esta parte de la infraestructura vial está determinado.

En el artículo dos de la ley de tránsito, se define de la siguiente manera:

Acera: Parte de una vía destinada al uso de peatones;

El artículo “Peatones y ciclistas se disputan las veredas” cuyo título no es de todo mi gusto, ya que plantea una especie de guerra, no deja de ser cierto en su desarrollo. Sin embargo hay que ser reflexivos y haciendo análisis es posible determinar lo siguiente de este problema.

De cuando pedaleamos

Bajando por Providencia la tarde de un jueves de Enero

Los usuarios de la bici hacen uso de las veredas por dos razones centrales. La primera es por “seguridad” (entre comillas ya que esta es cuestionable) al sentir que la calzada es demasiado peligrosa por los altos niveles de circulación y el poco respeto y conciencia de quienes conducen vehículos motorizados, con cualquier otro medio de transporte o vehículo disinto a ellos.

Segundo, y el estado es en gran parte responsable de esto, tiene que ver con la construcción de infraestructura para “dar espacio” a la bicicleta en la ciudad, donde en más del 90% de los casos se mezcla el flujo de bicicletas con el de peatones. Esto a mi juicio, porque la infra para bicicletas se construye y piensa de manera de dejar siempre vía libre al auto y teniendo en cuenta las características de la bici como medio de transporte, los fundamentos de diseño no se centran en la comodidad y tranquilidad de quienes pedalean. (ver: Ciclovías segregadas: Fundamentos de diseño). Se deconoce a la bici como vehículo, siendo que nuestra ley de tránsito define claramente también en su artículo 2:

Vehículo: Medio con el cual, sobre el cual o por el cual toda persona u objeto puede ser transportado por una vía;

Y la calzada, tal como dice la ley, está destinada a la circulación de vehículos:

Calzada: Parte de una vía destinada al uso de vehículos y animales;

Ha sido el mismo estado el que ha dado una señal confusa a quienes recién comienzan a ganar experiencia en la conducción de bicicletas. Al diseñar pistas recreativas utilizando veredas y no calzadas, valida y hace entender a los ciudadanos que la vereda es una zona válida para pedalear.

Por eso un mensaje a quienes pedalean en la vereda: Circula por la calzada, no vulneres la seguridad de los peatones, más bien revindica tu derecho a circular por la calzada. Si te toca utilizar la vereda, hazlo con respeto y a baja velocidad.

Viajero europeo

De cuando caminamos

Un paseo por Providencia

Me parece bien que este tipo de participación de ciudadanos defendiendo su derecho a circular en paz por las veredas y por las vías en general. Al mismo tiempo reconozco que me causa cierto enojo que hayan utilizado a las bicicletas como catalizador de estas acciones, siendo que hace mucho más tiempo que las veredas empezaron a ser mermadas y mal utilizadas por vehículos motorizados, los que incluso en muchos casos las utilizan como estacionamiento.

Pese a eso, siento que a quienes usamos la bici y que también caminamos (muchas veces me han pasado ciclistas a gran velocidad mientras camino por las veredas de Ñuñoa), nos une un mismo objetivo. La pacificación de las vías, las que se han ido tornando cada vez más en un espacio de dominio casi exclusivo del vehículo motorizado.

Por otra parte, muchos usuarios de la bici alegan con justa razón, el uso de las ciclovías por parte de peatones. Para mi el tema de la invasión no es para crucificar a nadie, si no que nuevamente, es producto del escaso espacio urbano que hay para quienes no usan el auto. Las ciclovías han significado en muchas ocasiones, un ensanchamiento de veredas, un espacio de mejor calidad para rodar coches de bebé, sillas de ruedas, pasear tomados de la mano…

Ah y para el conocimiento de muchos ciudadanos que creen que ellos son los únicos vulnerados. Conozco muchos casos en que son quienes van en bicicleta los que sufren por caidas causadas por caminantes. Sólo para tener como dato: mi amigo Igancio fué empujado con alevosia por un peatón que caminaba por la ciclovía de Antonio Varas, quedando con ua rueda de la bici torcida y rasmilladuras en sus brazos. Afortunadamente no pasó nada más grave. El tipo que empujó a Ignacio, arrancó en una micro.

Pese a todos estos conflictos (entre quienes caminan y pedalean), los riesgos de lesiones graves o muertes son bastante bajos y más aún si los comparamos con los siniestros entre motorizados con peatones y usuarios de la bici. El auto mata.

De cuando manejamos autos

Dentro de esa máquina de metal, con sellado casi hermético, vamos completamente desconcetados del exterior. Fuera del auto hay personas y las más de dos toneladas que llevamos bajo suaves movimientos de nuestros pies y manos pueden causar gran daño e incluso muertes a quienes circulan dentro y fuera de el. El auto también utiliza una buena cantidad de espacio y cuando no nos estamos transportando, la tarea de estacionarlo y/o guardarlo se transforma en un problema. Bien, ese problema privado no tiene por que transformarse en un problema público. No es justo que quienes circulan por veredas vean interumpido su paso porque quien conduce un auto, mal resuelve su problema de estacionamiento, entre muchas otras cosas. Pero me da lata hablar tanto del auto. Ya todos conocemos o hemos sido afectados de alguna forma por las negativas consecuencias urbanas de su uso desmedido.

Del estado

Luz en el caos

Como ya dije al comienzo, claramente acá hay una responsabilidad estatal que no se ha cumplido. El acceso a las vías es un derecho de todos y debe ser en igualdad, con seguridad y comodidad. Así los ciudadanos accedemos a los servicios y actividades que desempeñamos en la ciudad. No olvidemos que todos tenemos el derecho a la movilidad y al acceso de forma cómoda segura y eficiente, independiente del medio de transporte que utilicemos. Ahí es precisamente donde está la falla del estado, quien, pese a más de 20 años de estudios (en el caso de la infra para bicicletas) no ha dado respuestas que realmente beneficien y motiven al uso de la cleta como medio de transporte.

El estado aún le tiene miedo y un profundo respeto al auto. Todo se hace y piensa en su función. Reducir pistas para autos dibuja una mirada de terror en el político que escucha esa propuesta. El fantasma de la congestión pesa sobre cualquier decisión urbana. Y eso es, en parte, porque no entienden que la congestión sólo es causada por el exceso de autos y la única solución es disminuir la cantidad de autos circulando diariamente, mejorando el transporte público e integrando nuevamente en las vías a vehículos como las bicis. Y quiero hacer hincapié en la palabra integrar, ya que no implica necesariamente el abusado concepto de “ciclovía”, si no que una integración, o mejor, una reintegración de la bici implica pacificación del tráfico motorizado a través del diseño urbano y vial, pacificación del motorizado mediante medidas legales, como la disminución de velocidad máxima, mayor fiscalización en las vías, implementación de responsabilidades según el peso, volumen y velocidad del vehículo conducido, mayor rigurosidad en la obtención de licencias, las que deberían incluír un sistema de puntos… etc.

En conclusión no es bueno hablar de una guerra, si no más bien que urge tomar acciones conjuntas, como ciudadanos y estado, que nos lleven a tener una movilidad y un acceso a la ciudad más seguro, cómodo y eficiente para todos.

Muévete en bici hoy, será un buen día. (y hazlo por la calzada)