Cuando le he preguntado a distintas personas acerca de cómo fue el momento en que anduvieron por primera vez en bicicleta sin la ayuda de las rueditas auxiliares o de la mano de un adulto sosteniendo el asiento, siempre me responden con historias donde las palabras “felicidad”, “alegría”, “increible”, etc. están presentes.

En mi caso, recuerdo muy bien ese día. Tenía 6 años, y un amigo me había prestado su bicicleta Caloi de color azul. La llevamos esa tarde a la casa de unos amigos de mi papá, y en esa calle (que está en la comuna de San Joaquín y que apostaría puedo identificar y llegar, aunque no sé su nombre) pedaleé varias veces con mi papá corriendo a mi lado sujetando la bici por el asiento, hasta que en uno de esos tantos intentos no me di cuenta de que mi papá ya no corría a mi lado y yo seguí pedaleando solo, libre y contento… hasta que me di cuenta y me caí de puro susto.

Sin embargo, ¡la distancia a la que se encontraba mi papá era suficiente como para que el dolor de la caida fuera mínimo comparado con el orgullo y la tremenda sensación de grandeza que yo sentía al darme cuenta de que había pedaleado solo toda esa distancia!

Me levanté y volví pedaleando solo, con una sonrisa imborrable, de vuelta hacia donde él estaba.

Las primeras piruetas en la Caloi azul prestada.

Al poco tiempo, en navidad, mi papá me regaló mi primera bicicleta. Era una Benotto de color verde. Ese día se inicio un sin fin de historias, exploraciones y aprendizajes que hice a bordo de mi bicicleta, recorriendo el barrio con mis amigos y probando nuestras destrezas y límites mientras crecíamos y aprendíamos del mundo.

Sin duda, vienen a mi mente las palabras “alegría”, “libertad”, independencia” y varias similares al recordar la historia que les acabo de contar. Igual que en las historias que he escuchado de otras personas al recordar sus primeras experiencias a bordo de sus bicicletas.

Y tú, ¿Cómo recuerdas el día en que aprendiste a andar en bicicleta? ¡Déjanos tu comentario!