En los últimos días aparecieron algunas noticias en diarios chilenos y del mundo que hacían referencia a los riesgos y peligros que el andar en bicicleta tiene para las mujeres. En todas ellas se afirma que andar en bicicleta es un riesgo para la salud sexual de las mujeres y, para dar credibilidad a esa afirmación dicen que “eso es lo que dice una investigación científica”.

Tal afirmación es un error y una aberración, puesto que se trata de una generalización basada en una errónea lectura de un artículo científico. Lo demostraré realizando el simple “ejercicio científico” de revisar con detenimiento las fuentes usadas por los artículos periodísticos y la investigación que se usa como argumento.

Empecemos.

Sin excepción, las notas periodísticas en castellano citan una noticia publicada en el sitio de BBC Noticias:

- “La bicicleta, riesgo para la salud sexual de la mujer”.

A su vez, la nota de BBC Noticias se basa en una nota aparecida en el New York Times el  2 de abril de 2012:

- “Can Bicycling Affect a Woman’s Sexual Health?”.

Al revisar con detenimiento ambas notas periodísticas se hace necesario destacar tres cosas:

1. El título del artículo del New York Times no afirma que andar en bicicleta sea un riesgo para la salud sexual de la mujer. Más bien se pregunta si el andar en bicicleta puede afectar de algún modo la salud sexual de la mujer. Es a partir de las traducciones al castellano que se empieza a afirmar que “andar en bicicleta es un riesgo para la salud sexual de las mujeres”.

2. El artículo del New York Times es el único que viene firmado con nombre y apellido por alguna persona: el periodista Anahad O’Connor. En todo el resto de notas, en castellano, se elude la responsabilidad de lo afirmado al no explicitar la autoría.

3. El artículo del New York Times es el único que cita de forma clara el artículo científico que se usa como referencia. Además, entrega un enlace al resumen del artículo.

Al seguir este último enlace nos encontramos con una investigación realizada por un grupo de científicos que están interesados en averiguar si la “altura del manubrio provoca algún daño en el piso pélvico de las mujeres ciclistas”. Esa simple pregunta dista significativamente de los titulares de los periódicos, que afirman que andar en bicicleta es un riesgo para la salud sexual de las mujeres.

Sigamos avanzando: La muestra usada en la investigación está conformada por 48 mujeres ciclistas de nivel competitivo que andan en bicicleta un promedio de 45,5 kilómetros al día, con un promedio de 3,8 días a la semana durante un promedio de 7,9 años como ciclistas.

Evidentemente las mujeres ciclistas de “nivel competitivo” seleccionadas como muestra para la investigación distan significativamente de las mujeres que usan la bicicleta como medio de transporte cotidiano. Lo lamentable es que los periodistas que publican (por no decir “copian”) la nota periodística en castellano no logran hacer esa distinción y asumen erróneamente que el estudio se refiere a cualquier mujer que se suba a una bicicleta.

Esto se pone interesante…

Las notas periodísticas afirman riesgos en la salud sexual de las mujeres, mientras que el estudio dice explícitamente que lo que busca encontrar es si existe alguna relación entre el equipamiento usado en la bicicleta (en particular el tipo de manubrio) y la presión ejercida sobre el sillín o asiento. Al respecto, concluye que el uso de manubrios de ruta (“drop bars” en inglés) con una altura inferior a la del sillín está asociada positivamente a un aumento de la presión en la zona del perineo y a una disminución de la sensibilidad en la zona genital femenina. Nunca dicen que sea algo permanente o que constituya una patología. También recalcan que una modificación en la altura del manubrio puede ayudar a aliviar las neuropatías (dolor o baja sensibilidad en la zona afectada) en los casos en que estas se producen. En ningún momento se habla de riesgos para la salud sexual. Ni siquiera en mujeres que pasan muchas, muchas horas y kilómetros sobre sus bicicletas a la semana. Ni hablar en mujeres que usan la bici como medio de transporte en distancias y tiempos significativamente menores que las mujeres de la muestra.

Pero eso no es todo…

La investigación dice que las mujeres elegidas en esta ocasión forman parte de una muestra seleccionada para un estudio anterior.

Haciendo una búsqueda básica en un par de bases de datos de publicaciones científicas encontré no solo una, sino dos investigaciones anteriores del mismo grupo de científicos. Ambas investigaciones usaron la misma muestra de mujeres, en temas directamente relacionados al sillín de la bicicleta. Mirando los resultados de las tres investigaciones me queda claro que los periodistas que publicaron las notas no realizaron este ejercicio básico de rigor científico: chequear lo que dice la fuente.

En la publicación anterior (del año 2011), que en su título se refiere de forma explícita a mujeres ciclistas de nivel competitivo, los investigadores se preguntaron qué diseño de sillín es mejor para proteger las estructuras del piso pélvico, puesto que “existen quejas de mujeres ciclistas acerca de molestias en la zona genital, tales como dolor, adormecimiento e inflamación de las estructuras del piso pélvico”. De nuevo, el detalle que los periodistas pasan por alto es que los investigadores están hablando de mujeres ciclistas de nivel competitivo, cuyo uso de la bicicleta supera enormemente el de una mujer que la usa para desplazarse por la ciudad. Los científicos ni siquiera mencionan en su investigación a este segundo tipo de usuarias de la bicicleta. Como conclusión, los investigadores sugieren que un sillín muy angosto o con canal longitudinal afectan negativamente a la presión ejercida sobre el sillín. Eso es algo que los fabricantes de sillines saben hace tiempo, y por eso ofrecen modelos más anchos para las mujeres. Con respecto a los “riesgos para la salud sexual”, los científicos simplemente dicen que es necesario realizar más investigaciones, pues los datos no son concluyentes…

Por último, al revisar la primera investigación (del año 2006) queda claro que lo que los científicos se preguntan es si los problemas que algunos hombres ciclistas profesionales han reportado (impotencia y otras disfunciones neurológicas en la zona genital) tienen algún correlato en las “mujeres ciclistas de nivel competitivo”, puesto que “no existen investigaciones que así lo confirmen”. Los resultados son los siguientes: existe una asociación entre el uso de la bicicleta y la disminución de la sensibilidad en la zona genital de las mujeres ciclistas de nivel competitivo, PERO NO SE ENCONTRARON EFECTOS NEGATIVOS EN LA FUNCIÓN SEXUAL NI EN LA CALIDAD DE LA VIDA SEXUAL DE LAS MUJERES CICLISTAS DE NIVEL COMPETITIVO SELECCIONADAS PARA LA INVESTIGACIÓN.

Es decir, los mismos investigadores a los que los periodistas achacan el “descubrimiento” de que el uso de la bicicleta es un riesgo para la salud sexual de las mujeres, EN REALIDAD AFIRMAN LO CONTRARIO. No niegan que existan síntomas como adormecimiento o dolor en la zona genital de las mujeres ciclistas de nivel competitivo, pero no mencionan que tales síntomas sean permanentes y menos aún dicen algo como que la función o calidad de la vida sexual se vea afectada o disminuida.

Por último, y a estas alturas ya casi como para hacer leña del árbol caído, el estudio indica dentro de sus conclusiones que es necesario ampliar la investigación para ver si las molestias manifestadas por las mujeres ciclistas de nivel competitivo que formaron parte de la muestra se encuentran también en la población general de usuarias de la bicicleta como medio de transporte o recreación, puesto que es evidente que no se pueden generalizar los hallazgos.

Unas palabras finales:

Todos los deportes presentan riesgos a la salud de las personas cuando se practican a nivel competitivo o profesional, puesto que los cuerpos son exigidos a niveles superiores que en las actividades cotidianas. Basta con ver las cortas edades a las que los deportistas de alto rendimiento se ven obligados a terminar sus carreras profesionales, generalmente fruto de lesiones sufridas.

Por lo tanto, afirmar que el simple hecho de andar en bicicleta es un riesgo para la salud sexual de las mujeres es tan absurdo como afirmar que subir el cerro San Cristobal caminando es tan riesgoso como subir al Everest.

Seamos claros: transportarse en bici a diario no provoca el mismo desgaste a tu organismo que recorrer los 3452 kilómetros del Tour de Francia. Usar la bici te ayuda a llevar un estilo de vida más saludable y alegre mientras realizas una actividad cotidiana, favoreciendo al mismo tiempo una relación más saludable y funcional con tu entorno.

Compras matutinas

Compras matutinas. Foto de Claudio Olivares