Incapaces de ver la enfermedad terminamos encandilados con el síntoma

El diario LUN la semana pasada y hoy el nuevo periódico hoyxhoy, acusan un sintoma real que es posible experimentar día día. Muchos personas que están optando por la bici están utilizando las veredas para desplazarse. Esto provoca en algunos casos molestia en quienes van caminando, lo he experimentado yo mismo también. No es grato sentir de sorpresa el paso acelerado (teniendo como referencia la velocidad peatonal) de una bicicleta a centímetros de nuestro cuerpo.

Portada diario hoy x hoy

Una de las primeras cosas que hay que reflexionar aquí es que como seres humanos que somos, no siempre tomamos buenas decisiones, cometemos errores, somos inconscientes y no siempre tenemos una conducta empática. Estos episodios de “tontera” no nos son traspasados por el vehículo que conducimos o por nuestra decisión de transporte. Con esto quiero dejar en claro que no son los “ciclistas” unos estúpidos, ni los “automovilstas” el grupo que acapara la inconsciencia y los “peatones” los tontos que andan por ahí deambulando com bobos. Con esto quiero invitar a hacer a un lado la odiosa clasificación y asignación de estupideces de todo tipo al grupo de personas que decide usar tal o cual vehículo. Todos podemos sufrir estados de tontera, tomar malas decisiones y ser completamente desconsiderados con los demás en las vías.

Regresando al tema. Ambas noticias, así como vimos hace unas semanas en un intercambio de cartas en la arena favorita de nuestro país para debatir públicamente mediante texto (las Cartas al Director de El Mercurio), apuntan fuertemente los dardos a quienes optan por la bici, sindicándolos como origen y causa del problema.

La gran cantidad de personas que es posible ver pedaleando en las veredas indica al menos dos cosas:

  • La demanda por el uso de la bicicleta está creciendo porque mucha gente quiere disfrutar de sus beneficios, especialmente en ahorro de tiempo y dinero.
  • Si existe tal nivel de demanda, cerca de 800 mil viajes diarios en la ciudad (casi una tercera parte de los del metro), ¿que se está esperando para dar respuesta y seguir fomentando el creciente uso de la bici? La ciudad no está siendo capaz de responder a esa demanda porque el sistema vial está pensado y ha sido construído por años teniendo en cuenta únicamente vehículos motorizados, particularmente los privados, invalidando prácticamente la opción por usar cualquier otro modo de transporte que no sea manejar tras un volante.

No es primera vez que esta discusión se da, hace exactamente 23 meses, el 7 de febrero de 2011 el diario La Tercera publicaba “Peatones y ciclistas se disputan las veredas” y analizamos la misma discusión que hoy vemos casi calcada 2 años después, desde 3 perspectivas, caminando, pedaleando, manejando y finalmente revisamos las responsabilidades del estado, quien a estas alturas, con una discusión por seguro con más de 2 años de antigüedad, sigue de brazos cruzados sin tomarse en serio el tema del transporte urbano en el país. Es cierto, se han dado algunos pasos pequeños, pero el estado de Chile sigue fomentando el uso del auto como LA opción válida, directa e indirectamente, ya sea mediante la construcción de más vías, la expansión urbana, la nula planificación territorial, ausencia de un transporte público fiable que se transforme en una opción real para viajar, etc.

Nada sacamos con empezar a sacarnos los ojos y entrar un una guerra que fomenta la enajenación de los ciudadanos, odiándose unos a otros. El estado tiene una gran responsabilidad y es quien de alguna forma tira la piedra y esconde la mano, por su falta de acción para tomar cartas en el asunto y por la implementación de infraestructura (es el mismo estado quien ha construído ciclovías intermitentes en veredas y mezclado el flujo ciclista y peatonal en cruces del 98% de las vías de Santiago) y medidas mediocres  para hacer válido y competitivo el set de modos de transporte que no son el auto. La enfermedad entonces es que una ciudad pensada por y para el automóvil termina consumiendo espacios y no deja lugar para efectuar un ordenamiento vial que permita a todos desplazarnos con comodidad, seguridad y eficiencia. En resumen no permite desarrollar buenas experiencias urbanas.

Y finalmente, a la gente que usa las veredas, es entendible en gente que recién se está subiendo a la bici y quiere usarla porque sabe que le hace bien y su percepción de seguridad es muy baja. Pero por favor, a todos aquellos que demuestran y se jactan de su destreza en bici sobre las veredas, sepan que ya están lo suficientemente preparados para pedalear por la calle, bájense a la calzada, no es la cosa terrible que se imaginan.

PD: ¿Por qué la prensa ni la ciudadanía hace visualizar la invasión en las veredas cuando son utilizadas como espacio para estacionar autos?

Ciclovía de Sta Isabel a contramano, hay mas de lo que aparenta.

La ciclovía de Santa Isabel fue una de las primeras en implementarse al comienzo de este boom constructivo de vías segregadas. Va por una vía de relevancia porque permite muy buena conexión con el centro de Santiago, particularmente del sector conocido como el “barrio universitario”, y comunas como Providencia, Ñuñoa, La Reina y Peñalolén (El eje Sta Isabel/Diagonal Oriente se convierte luego en Arrieta).

Otros puntos positivos en su trazado son: Va por la calzada, lo que permite que sea contínua, sin eventos que desvíen el camino y es unidireccional. En contra tenemos que: es angosta (una persona en un triciclo de reparto la bloquea completamente el flujo), la superficie de rodado es bastante deficiente, se mantiene poco, los elementos de segregación en concreto no son los más adecuados y la señalización dirigida al flujo motorizado es nula.

Triciclo en Sta Isabel

Sta Isabel, triciclo y bici a contramano

Con todas las características descritas anteriormente, se suma que esta ciclovía es utilizada en doble sentido, lo que se transforma en una molestia para los usuarios. Quienes van en el sentido definido (Poniente > Oriente) deben enfrentar un flujo creciente de otros usuarios de bicis que van en dirección al centro y efectuar maniobras bastante finas para compartir el estrecho espacio sin chocar o toparse. Otros “infractores” conscientes de que van a contramano optan por subir a la vereda e invadir el espacio peatonal, para retomar la ciclovía una vez que ya se han cruzado con el otro pedalero.

A contramano por Sta Isabel

Pero aquí no se trata de culpar a quien usa triciclo o quien va a contramano. Eso nos llevaría a caer en una tonta guerra entre nosotros mismos. El tema de fondo es que aquí se ha generado un problema a los usuarios por una deficiente infraestructura segregada y el diseño del perfil de esta vía que no tiene en cuenta las necesidades de los usuarios de la bici. Por lo tanto la responsabilidad primera de este tema cae en el estado.

Si, la ciclovía de Sta. Isabel es unidireccional y para evitar problemas corresponde que la vía sea utilizada como está definida, es lo que podemos hacer en lo inmediato. La vía complementaria para bicis en formato ciclovía va 3 cuadras al norte, por calle Curicó/Tarapacá y Marín/Eleuterio Ramírez es una vía muchas veces mejor que Curicó, ya que tiene menos flujo motorizado y no están los obstáculos propios de una ciclovía.

Entonces el primer llamado es a hacernos a nosotros mismos las cosas más fáciles y a transitar respetando el sentido de tránsito, porque nada sacamos con agarrarnos bronca y molestarnos entre nosotros. Tenemos que unir fuerzas para lo siguiente:

El problema con esto no está exclusivamente en los usuarios. En ellos se manifiesta un hecho que tiene que ver con el estado. Santa Isabel es una vía de relevancia el trazado urbano y si hay flujo de bicis a contramano es precisamente porque es la mejor alternativa para moverse entre el Centro y Vicuña Mackena. Pero la vía es unidireccional. ¿Y por qué?: Autos.

No sé desde cuando esa vía va sólo de Poniete a Oriente, pero me atrevería a aventurar que en algún momento tenía flujo en doble sentido, el que fue eliminado para (y aquí vamos con la palabrita denuevo) “mitigar” la congestión y dar mas espacio al flujo motorizado. Pero, impulsadas por la fuerza humana, con características muy distintas a los autos, mucho más libres de maniobrar, las bicis no tienen por qué responder a esta decisión de dirección pensada exclusivamente en los vehículos motorizados. Concluyo entonces que si existe flujo a contramano en Sta. Isabel es precisamente por la relevancia estructural de ese eje y que quienes optan por la bici no van a desviarse 3 cuadras en su recorrido. Tratar de entender el problema de fondo nos da pista para detectar que este “mal comportamiento”, incómodo y tremendamente molesto para todos los usuarios de la ciclovía, tiene su origen en que las vías están pensadas para la necesidad de los autos y quienes pedalean terminan confinados en estrechos carriles que no están respondiendo a la demanda de hoy.

Vías complementarias Sta Isabel

¿Por donde puede ir una solución? Primero entender que el flujo Oriente > Poniente en Sta Isabel existe y debe ser acogido y no eliminado, debido a la relevancia de la vía. Como solución Sta. Isabel podría transformarse una arteria bidireccional para bicicletas, con el flujo Oriente Poniente segregado físicamente en el costado norte de la calzada, de esa forma se genera una pista de “subida” y una de “bajada” y el eje Sta Isabel cobra aún más relevancia para el flujo de bicis. De donde obtenemos espacio: de la calzada, eliminando una pista de flujo motorizado.

Otro camino es hacer del tramo Marin > Eleuterio Ramírez una vía con velocidad maxima reducida, prioritaria para bicicletas, calmando el tráfico motorizado, lo que sin duda sería (y es) una alternativa mucho mas grata que la ciclovía de Curicó para hacer el recorrido Oriente > Poniente.

De todas maneras, ya que las soluciones del estado demoran bastante y por nuestro lado, no esperamos a que sucedan para andar en bici, por favor, circulen en el sentido del tránsito y evitemos incomodidades entre nosotros la verdad es que no cuesta mucho.

Ponerse en los zapatos -o las ruedas- del otro: la clave para una convivencia sana y funcional en la vía pública.

Colaboración para Arriba ‘e la Chancha de nuestro corresponsal en Holanda, Ismael Otero (@oterismael).

Hace algunas semanas estuve de visita en la casa de mi hermana en Ámsterdam. Antes de viajar, lo único que había escuchado de esa ciudad era acerca de su afamado barrio rojo, los coffee shops (que de cafetería no tienen nada), los canales que la atraviesan con sus respectivos puentes y la enorme cantidad de bicicletas que se podían ver en la calle.

Amsterdam

Me detengo en el último punto: la enorme cantidad de bicicletas que se pueden ver estacionadas o circulando en las calles. En Ámsterdam habitan aproximadamente 700.000 habitantes, y circulan aproximadamente 600.000 bicicletas. Yo iba con la idea de que prácticamente no vería autos circulando en el centro de la ciudad, y que eso favorecía el uso de la bicicleta. Esa idea era mi propia explicación básica para las imágenes que, sin mayor información, solemos ver acerca de las bicicletas circulando por Ámsterdam. Pero estaba profundamente equivocado, pues ese no es el punto central. Aunque efectivamente existen políticas de desincentivo del uso del automóvil en el casco histórico de la ciudad (por ejemplo, los altos costos de los pocos estacionamientos que hay), éstos igual circulan por las estrechas calles compartiendo el espacio con peatones, ciclistas y tranvías. Y no se escuchan bocinazos, ni se ven altercados o peleas por el espacio.

La Haya - Den Haag

Entonces, ¿cómo es que conviven tan diversos modos de transporte en la vía pública?

Debo reconocer que el primer día en las calles de Ámsterdam no entendía nada acerca de cómo se organiza el flujo por las calzadas (además del idioma holandés, claro está). De hecho, me provocaba cierto temor salir de la vereda para atravesar una calle, pues no tenía claro quién tenía el derecho de paso, y entre tantos modos de transporte compartiendo la calzada me sentía un tanto intimidado.

Eso fue hasta que le comenté la situación a mi hermana, y ella me explicó la regla básica de circulación:

el respeto al esfuerzo que realizan las personas para desplazarse

Lo repito destacando un par de palabras: “el respeto al esfuerzo que realizan las personas para desplazarse”. Ese es el tema.

El esfuerzo que realiza una persona al detener su automóvil y volver a ponerlo en movimiento es prácticamente nulo. Basta con que mueva un poco el brazo para cambiar de marcha y un poco el pie para frenar o acelerar. Por lo tanto, debe cederle el paso a los que realizan mayor esfuerzo: peatones y ciclistas. Un peatón necesita mayor esfuerzo para moverse que el auto, pero no realiza mayor esfuerzo para volver a desplazarse luego de haberse detenido. Por lo tanto, cede el paso a las personas que andan en bicicleta. Una persona que anda en bicicleta requiere de un mayor esfuerzo para volver a moverse luego de haberse detenido. Por lo tanto, tiene la preferencia de paso. Así de sencillo. ¿Y qué pasa con los tranvías? Puesto que van por rutas definidas sobre rieles, cuando pasan por cruces simplemente anuncian su paso haciendo sonar una campana. Sí, una campana y no una bocina, para no contaminar acústicamente el ambiente o molestar a las demás personas que circulan alrededor.

Holanda

En resumen, respeto básico y sencillo entre personas.

Ese respeto entre personas se traduce en la tolerancia que los distintos ciudadanos que se desplazan se tienen entre sí. Como resultado, en vez de personas estresadas y apuradas que sienten que la vía les pertenece, de mal humor y que reclaman cuando otro medio de transporte altera en algo su desplazamiento, encontramos en cambio amabilidad, sonrisas y diálogo entre las personas.

Y ese no es un detalle menor, porque en las ciudades donde ha aumentado la presencia de enfermedades mentales y la sensación de una baja significativa en la calidad de vida, lo que encontramos es precisamente lo contrario: la sensación de desconfianza y hostilidad, la percepción de estrés permanente y bajos niveles de apoyo y contacto social.

Amsterdam

Por lo tanto, más que ciclovías o grandes estructuras o infraestructura vial, lo que principalmente se necesita para que en Santiago todos los ciudadanos que compartimos la vía pública podamos circular, con seguridad y tranquilidad, es respeto. Respeto a las diferencias en el esfuerzo de desplazamiento. Respeto a las diferentes velocidades y necesidades de desplazamiento. Respeto a las distintas fragilidades al desplazarse. Respeto a las otras personas con las que compartes el espacio público.

En simple y buen chileno: ponerse en los zapatos –o ruedas- de las otras personas.

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