Ponerse en los zapatos -o las ruedas- del otro: la clave para una convivencia sana y funcional en la vía pública.

Colaboración para Arriba ‘e la Chancha de nuestro corresponsal en Holanda, Ismael Otero (@oterismael).

Hace algunas semanas estuve de visita en la casa de mi hermana en Ámsterdam. Antes de viajar, lo único que había escuchado de esa ciudad era acerca de su afamado barrio rojo, los coffee shops (que de cafetería no tienen nada), los canales que la atraviesan con sus respectivos puentes y la enorme cantidad de bicicletas que se podían ver en la calle.

Amsterdam

Me detengo en el último punto: la enorme cantidad de bicicletas que se pueden ver estacionadas o circulando en las calles. En Ámsterdam habitan aproximadamente 700.000 habitantes, y circulan aproximadamente 600.000 bicicletas. Yo iba con la idea de que prácticamente no vería autos circulando en el centro de la ciudad, y que eso favorecía el uso de la bicicleta. Esa idea era mi propia explicación básica para las imágenes que, sin mayor información, solemos ver acerca de las bicicletas circulando por Ámsterdam. Pero estaba profundamente equivocado, pues ese no es el punto central. Aunque efectivamente existen políticas de desincentivo del uso del automóvil en el casco histórico de la ciudad (por ejemplo, los altos costos de los pocos estacionamientos que hay), éstos igual circulan por las estrechas calles compartiendo el espacio con peatones, ciclistas y tranvías. Y no se escuchan bocinazos, ni se ven altercados o peleas por el espacio.

La Haya - Den Haag

Entonces, ¿cómo es que conviven tan diversos modos de transporte en la vía pública?

Debo reconocer que el primer día en las calles de Ámsterdam no entendía nada acerca de cómo se organiza el flujo por las calzadas (además del idioma holandés, claro está). De hecho, me provocaba cierto temor salir de la vereda para atravesar una calle, pues no tenía claro quién tenía el derecho de paso, y entre tantos modos de transporte compartiendo la calzada me sentía un tanto intimidado.

Eso fue hasta que le comenté la situación a mi hermana, y ella me explicó la regla básica de circulación:

el respeto al esfuerzo que realizan las personas para desplazarse

Lo repito destacando un par de palabras: “el respeto al esfuerzo que realizan las personas para desplazarse”. Ese es el tema.

El esfuerzo que realiza una persona al detener su automóvil y volver a ponerlo en movimiento es prácticamente nulo. Basta con que mueva un poco el brazo para cambiar de marcha y un poco el pie para frenar o acelerar. Por lo tanto, debe cederle el paso a los que realizan mayor esfuerzo: peatones y ciclistas. Un peatón necesita mayor esfuerzo para moverse que el auto, pero no realiza mayor esfuerzo para volver a desplazarse luego de haberse detenido. Por lo tanto, cede el paso a las personas que andan en bicicleta. Una persona que anda en bicicleta requiere de un mayor esfuerzo para volver a moverse luego de haberse detenido. Por lo tanto, tiene la preferencia de paso. Así de sencillo. ¿Y qué pasa con los tranvías? Puesto que van por rutas definidas sobre rieles, cuando pasan por cruces simplemente anuncian su paso haciendo sonar una campana. Sí, una campana y no una bocina, para no contaminar acústicamente el ambiente o molestar a las demás personas que circulan alrededor.

Holanda

En resumen, respeto básico y sencillo entre personas.

Ese respeto entre personas se traduce en la tolerancia que los distintos ciudadanos que se desplazan se tienen entre sí. Como resultado, en vez de personas estresadas y apuradas que sienten que la vía les pertenece, de mal humor y que reclaman cuando otro medio de transporte altera en algo su desplazamiento, encontramos en cambio amabilidad, sonrisas y diálogo entre las personas.

Y ese no es un detalle menor, porque en las ciudades donde ha aumentado la presencia de enfermedades mentales y la sensación de una baja significativa en la calidad de vida, lo que encontramos es precisamente lo contrario: la sensación de desconfianza y hostilidad, la percepción de estrés permanente y bajos niveles de apoyo y contacto social.

Amsterdam

Por lo tanto, más que ciclovías o grandes estructuras o infraestructura vial, lo que principalmente se necesita para que en Santiago todos los ciudadanos que compartimos la vía pública podamos circular, con seguridad y tranquilidad, es respeto. Respeto a las diferencias en el esfuerzo de desplazamiento. Respeto a las diferentes velocidades y necesidades de desplazamiento. Respeto a las distintas fragilidades al desplazarse. Respeto a las otras personas con las que compartes el espacio público.

En simple y buen chileno: ponerse en los zapatos –o ruedas- de las otras personas.

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La danza de las bicicletas en Amsterdam

Orgullosa de Holanda

Durante la semana pasada visité Holanda y porsupuesto que no me tomó más de un par de horas estar montado sobre una bicicleta recorriendo la ciudad. Amsterdam tiene un montón de energía y sus habitantes son bastante agradables.

Después de haber estado casi dos semanas y media en Copenhague, Amsterdam me resultó un caos aparente para pedalear durante las 2 primeras horas. Estaba acostumbrado al sistema danés, donde por lo general se respetan las luces rojas o pistas de viraje. Sin embargo desúés de 120 minutos fue muy simple cambiar el chip para comenzar a pedalear al estilo holandés.

Tranvía en Amsterdam

Qué caracteriza el pedaleo en Amsterdam? En primer lugar, si bien existen varias vias segregadas, el centro de la ciudad está completamente dominado por las bicis. Son tantas que las ciclovías no dan abasto. En segundo lugar, si consideramos que las reglas de tránsito buscan organizar la circulación de las personas, en Amsterdam el sistema funciona por sobre ellas porque predomina el contacto visual, la comunicación a través de las velocidades de circulación y las señales con las manos. Atreviendome a calificarla bajo un sólo concepto, creo en en Amsterdam y quizás en otras ciudades de Holanda, como Groningen o Utrecht, lo que se experimenta es una danza de movilidad en bici, perfectamente coordinada y armónica, donde es necesario dejar las ataduras mentales a un lado para dar paso a las tripas y el espíritu. Esos dos elementos son los que realmente conducen las bicicletas. Una vez que se logra entender aquello, serás uno más circulando en bici. Sólo déjate llevar.

Cruzando las vías del tranvía

Desfile de ciudadanos en bici

En las calles se mezclan muy bien la circulación de autos, tranvías y las bicis. Todo aparenta estar en completa armonía y la energía que se siente es fenomenal. Lo único que me resultó un poco molesto fueron las motos, las que no sé por que razón, tienen autorización para desplazarse por las ciclovías. Pero salvo por el ruido, no hay mayores inconvenientes.

Muy pocos, es más, casi nadie utiliza casco. En Copenhague es mucho mas usado por la gente y entiendo que es porque se sienten más inseguros respecto a los autos (es lo que la gente con la que vivo acá me ha contado).

Chicas en Amsterdam

Bicicleta estacionada

Finalmente el robo de bicicletas. Sé que muchos creen que eso sólo sucede en latinoamérica o en el mal llamado tercer mundo, pero acá es pan de cada día. La razón? la adicción a las drogas. Robas una bici, luego la vendes muy barato para comprar hash, mariguana o algún otro estimulante. En Amsterdam es legal el consumo y venta de drogas, siempre y cuando lo hagas en un CofeeShop. Pero no faltan los que se rayan con la tontera.

En conclusión, es una ciudad encantadora, mágica, viva. Todo el mundo en las calles, parques, bares y restaurantes. Para mi, lo mejor fue disfrutar de sus parques y la sonrisa de sus habitantes.

Disfrutando del parque en Amsterdam

Cruzando las líneas del Tranvía

Compartiendo la bici

Muévete en bici hoy, será un buen día.

El uso masivo de la bicicleta ayuda a lograr sociedades más sanas

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=rV4t-aRobOw[/youtube]

Este es un video preparado hace ya algún tiempo por el I-CE (Interface for Cycling Expertise), una ONG internacional que fomenta el transporte de bajo costo y por supuesto el ciclismo.

Ellos diseñaron este material para comunicar de forma amena, concreta y con ejemplos claros, que la movilidad en bicicleta, concebida como una red de transporte, logra obtener sociedades más sanas, ciudades cuyos habitantes interactúan y se relacionan.

Quiero destacar además que en los ejemplos citados de Holanda y Dinamarca, queda claro que su éxito es consecuencia de una serie de decisiones políticas orientadas a proteger a sus sociedades del caos, contaminación, depredación de espacios y costos en salud entre otros, que genera un sistema de transportes basado en el uso descontrolado del automóvil particular.

Muévete en bici hoy, será un buen día.