Lo que nos está matando es una enfermedad llamada automovilismo

Ojalá cada día mas y mas personas que han decidido pedalear vayamos conquistando las calzadas que por derecho son el espacio destinado a la circulación de vehículos y la bicicleta como tal, así debe hacerlo, es el acuerdo. Sin embargo también reconocemos que la cultura y el medio ambiente vial no entregan la sensación de seguridad que las personas necesitan para pedalear. Para muchos no usuarios de la bici, el panorama no es acogedor ni invita mucho al pedaleo. Muchos han optado por circular en las veredas, espacio de circulación peatonal. Hay quienes lo hacen con extrema prudencia y cuidado, otros pésimos conductores de bicicletas lo hacen con agresividad y nulo respeto con los demás ciudadanos.

La prensa con una gran cuota de cizaña, propaga esta situación como una guerra entre caminantes y pedaleros. Hay quienes lo gozan y han encontrado palco para atacar a destajo todo lo que tenga que ver con el pedaleo. Y que conveniente resulta eso, para las autoridades que con infraestructura mediocre han emplazado ciclovías en veredas, oficializado los pasos de cebra como cruces de esas rutas y entregado de alguna forma el “mensaje” que la circulación de la bici es por aceras. Y Conveniente a los que insisten en el fomento del auto, porque mantener en conflicto a peatones y ciclistas desvía la atención del verdadero responsable.

Ayer como muchas otras veces se publicó una carta en El Mercurio donde una ciudadana publica su molestia, con cierta ironía, debido a las bicicletas en las veredas. La tituló “Voy a morir de bicicleta”.

Intuyo que voy a morir de bicicleta y que, en ese momento final, yo iré de a pie, y el victimario, en dos ruedas. No exagero. Cada vez leo más en defensa del ciclista —porque carecen de suficientes ciclovías, lo que es verdad—, pero muy poco o nada se dice en defensa del pobre peatón que ha comenzado a sufrir a los ciclistas, ¡y en la mismísima vereda!

Mandamos nuestra respuesta, pero el diario no la publicó. En vez de eso prefirió publicar otra carta para continuar con la cizaña, más leña al fuego, sin presentar caminos a una solución (de hecho el autor extrañamente también tira dardos contra los perros vagos).

Pues bien, aquí nuestra respuesta.

En una carta con cierto toque de ironía publicada hoy en El Mercurio, Lilian Calm se suma a las varias personas que han descrito por este medio y otros, en conversaciones familiares y de amigos, el conflicto existente hoy en las veredas por el uso de estás como pistas de circulación por usuarios de bicicletas. Es un hecho concreto, innegable y no deseado. Pero una vez más, sólo se está denunciando uno de los síntomas de una enfermedad mayor que somos incapaces de ver o definitivamente no queremos ver. Se equivoca al decir que va a “morir de bicicleta”, lo que nos está matando es una enfermedad llamada automovilismo.

Este mal comenzó lentamente a expandirse por las ciudades, los tomadores de decisiones, autoridades y empresas, quedaron embobados con los negocios y la modernidad que el auto ofrecía. Los clientes creyeron comprar libertad y status. Transformaron las vías y crearon una legislación para darles prioridad por sobre cualquier otro medio, liquidaron el transporte público; la caminata y el pedaleo quedaron como estorbo a su operación. Perdimos la caminabilidad de los barrios, calles y avenidas. Aparecieron las esperas eternas en semáforos, las posibilidades de atravesar una vía se redujeron a “cruces habilitados”, las veredas se angostaron y quedaron atravezadas por accesos vehiculares cada 5-10 metros, algunos cuentan con balizas para advertir al “incauto peatón” que el “rey de la calle” está por salir. Sobre eso, las AUTOridades construyeron ciclovías en veredas para liberar espacio al auto en calzada. Ejercer el derecho al paso de cebra es hoy un acto adrenalínico, lo mismo que cruzar en las esquinas. Deténganse un segundo y vean la gente correr con verde ante la amenaza del vehículo que continúa su marcha. Cruzar a mitad de cuadra te transforma en criminal y quien te atropella lo hace amparado por la ley. Justificamos el homicidio. Perdimos todo sentido ético de protección a la vida y salud de las personas. Negamos la vía y el espacio público a los niños que hoy engordan en 4×4 urbanos y dejamos recluídos a nuestros adultos mayores en sus casas. Perdimos sentido de lo público y comenzamos a pensar desde lo privado, dejamos de reconocer al otro y perdimos el respeto por nuestros compañeros ciudadanos. Demasiada ingeniería, muy poco diseño.

La presencia de ciudadanos en bicicleta por las veredas es un síntoma más de esta brutal enfermedad del auto y nada sacamos con enredarnos sólo en el conflicto entre caminantes y pedaleros cuando estamos amenazados por un paradigma equivocado, que mina el acceso y la movilidad de todos en la ciudad. Incluso de los usuarios del automóvil. Demasiados autos nos hace mal a todos.

Si queremos conseguir una mejor experiencia urbana, toca auscultarnos en conciencia, reconocer la enfermedad y diseñar teniendo nuevamente el cuerpo humano como centro y no las 2 toneladas de metal vidrio y plástico que han deformado la ciudad.

La revolución se consigue pedaleando.

Incapaces de ver la enfermedad terminamos encandilados con el síntoma

El diario LUN la semana pasada y hoy el nuevo periódico hoyxhoy, acusan un sintoma real que es posible experimentar día día. Muchos personas que están optando por la bici están utilizando las veredas para desplazarse. Esto provoca en algunos casos molestia en quienes van caminando, lo he experimentado yo mismo también. No es grato sentir de sorpresa el paso acelerado (teniendo como referencia la velocidad peatonal) de una bicicleta a centímetros de nuestro cuerpo.

Portada diario hoy x hoy

Una de las primeras cosas que hay que reflexionar aquí es que como seres humanos que somos, no siempre tomamos buenas decisiones, cometemos errores, somos inconscientes y no siempre tenemos una conducta empática. Estos episodios de “tontera” no nos son traspasados por el vehículo que conducimos o por nuestra decisión de transporte. Con esto quiero dejar en claro que no son los “ciclistas” unos estúpidos, ni los “automovilstas” el grupo que acapara la inconsciencia y los “peatones” los tontos que andan por ahí deambulando com bobos. Con esto quiero invitar a hacer a un lado la odiosa clasificación y asignación de estupideces de todo tipo al grupo de personas que decide usar tal o cual vehículo. Todos podemos sufrir estados de tontera, tomar malas decisiones y ser completamente desconsiderados con los demás en las vías.

Regresando al tema. Ambas noticias, así como vimos hace unas semanas en un intercambio de cartas en la arena favorita de nuestro país para debatir públicamente mediante texto (las Cartas al Director de El Mercurio), apuntan fuertemente los dardos a quienes optan por la bici, sindicándolos como origen y causa del problema.

La gran cantidad de personas que es posible ver pedaleando en las veredas indica al menos dos cosas:

  • La demanda por el uso de la bicicleta está creciendo porque mucha gente quiere disfrutar de sus beneficios, especialmente en ahorro de tiempo y dinero.
  • Si existe tal nivel de demanda, cerca de 800 mil viajes diarios en la ciudad (casi una tercera parte de los del metro), ¿que se está esperando para dar respuesta y seguir fomentando el creciente uso de la bici? La ciudad no está siendo capaz de responder a esa demanda porque el sistema vial está pensado y ha sido construído por años teniendo en cuenta únicamente vehículos motorizados, particularmente los privados, invalidando prácticamente la opción por usar cualquier otro modo de transporte que no sea manejar tras un volante.

No es primera vez que esta discusión se da, hace exactamente 23 meses, el 7 de febrero de 2011 el diario La Tercera publicaba “Peatones y ciclistas se disputan las veredas” y analizamos la misma discusión que hoy vemos casi calcada 2 años después, desde 3 perspectivas, caminando, pedaleando, manejando y finalmente revisamos las responsabilidades del estado, quien a estas alturas, con una discusión por seguro con más de 2 años de antigüedad, sigue de brazos cruzados sin tomarse en serio el tema del transporte urbano en el país. Es cierto, se han dado algunos pasos pequeños, pero el estado de Chile sigue fomentando el uso del auto como LA opción válida, directa e indirectamente, ya sea mediante la construcción de más vías, la expansión urbana, la nula planificación territorial, ausencia de un transporte público fiable que se transforme en una opción real para viajar, etc.

Nada sacamos con empezar a sacarnos los ojos y entrar un una guerra que fomenta la enajenación de los ciudadanos, odiándose unos a otros. El estado tiene una gran responsabilidad y es quien de alguna forma tira la piedra y esconde la mano, por su falta de acción para tomar cartas en el asunto y por la implementación de infraestructura (es el mismo estado quien ha construído ciclovías intermitentes en veredas y mezclado el flujo ciclista y peatonal en cruces del 98% de las vías de Santiago) y medidas mediocres  para hacer válido y competitivo el set de modos de transporte que no son el auto. La enfermedad entonces es que una ciudad pensada por y para el automóvil termina consumiendo espacios y no deja lugar para efectuar un ordenamiento vial que permita a todos desplazarnos con comodidad, seguridad y eficiencia. En resumen no permite desarrollar buenas experiencias urbanas.

Y finalmente, a la gente que usa las veredas, es entendible en gente que recién se está subiendo a la bici y quiere usarla porque sabe que le hace bien y su percepción de seguridad es muy baja. Pero por favor, a todos aquellos que demuestran y se jactan de su destreza en bici sobre las veredas, sepan que ya están lo suficientemente preparados para pedalear por la calle, bájense a la calzada, no es la cosa terrible que se imaginan.

PD: ¿Por qué la prensa ni la ciudadanía hace visualizar la invasión en las veredas cuando son utilizadas como espacio para estacionar autos?

De veredas, ciclovías y calzada

Con mayor frecuencia están apareciendo reclamos de ciudadanos que en condición de peatones, ven vulnerada su tranquilidad y seguridad por la circulación de usuarios de la bici en las veredas. Hoy en La Tercera aparece un artículo que describe la cruzada de un ciudadano que sale a defender el uso exclusivo de las veredas para peatones. Razón justa, ya que es así como el uso de esta parte de la infraestructura vial está determinado.

En el artículo dos de la ley de tránsito, se define de la siguiente manera:

Acera: Parte de una vía destinada al uso de peatones;

El artículo “Peatones y ciclistas se disputan las veredas” cuyo título no es de todo mi gusto, ya que plantea una especie de guerra, no deja de ser cierto en su desarrollo. Sin embargo hay que ser reflexivos y haciendo análisis es posible determinar lo siguiente de este problema.

De cuando pedaleamos

Bajando por Providencia la tarde de un jueves de Enero

Los usuarios de la bici hacen uso de las veredas por dos razones centrales. La primera es por “seguridad” (entre comillas ya que esta es cuestionable) al sentir que la calzada es demasiado peligrosa por los altos niveles de circulación y el poco respeto y conciencia de quienes conducen vehículos motorizados, con cualquier otro medio de transporte o vehículo disinto a ellos.

Segundo, y el estado es en gran parte responsable de esto, tiene que ver con la construcción de infraestructura para “dar espacio” a la bicicleta en la ciudad, donde en más del 90% de los casos se mezcla el flujo de bicicletas con el de peatones. Esto a mi juicio, porque la infra para bicicletas se construye y piensa de manera de dejar siempre vía libre al auto y teniendo en cuenta las características de la bici como medio de transporte, los fundamentos de diseño no se centran en la comodidad y tranquilidad de quienes pedalean. (ver: Ciclovías segregadas: Fundamentos de diseño). Se deconoce a la bici como vehículo, siendo que nuestra ley de tránsito define claramente también en su artículo 2:

Vehículo: Medio con el cual, sobre el cual o por el cual toda persona u objeto puede ser transportado por una vía;

Y la calzada, tal como dice la ley, está destinada a la circulación de vehículos:

Calzada: Parte de una vía destinada al uso de vehículos y animales;

Ha sido el mismo estado el que ha dado una señal confusa a quienes recién comienzan a ganar experiencia en la conducción de bicicletas. Al diseñar pistas recreativas utilizando veredas y no calzadas, valida y hace entender a los ciudadanos que la vereda es una zona válida para pedalear.

Por eso un mensaje a quienes pedalean en la vereda: Circula por la calzada, no vulneres la seguridad de los peatones, más bien revindica tu derecho a circular por la calzada. Si te toca utilizar la vereda, hazlo con respeto y a baja velocidad.

Viajero europeo

De cuando caminamos

Un paseo por Providencia

Me parece bien que este tipo de participación de ciudadanos defendiendo su derecho a circular en paz por las veredas y por las vías en general. Al mismo tiempo reconozco que me causa cierto enojo que hayan utilizado a las bicicletas como catalizador de estas acciones, siendo que hace mucho más tiempo que las veredas empezaron a ser mermadas y mal utilizadas por vehículos motorizados, los que incluso en muchos casos las utilizan como estacionamiento.

Pese a eso, siento que a quienes usamos la bici y que también caminamos (muchas veces me han pasado ciclistas a gran velocidad mientras camino por las veredas de Ñuñoa), nos une un mismo objetivo. La pacificación de las vías, las que se han ido tornando cada vez más en un espacio de dominio casi exclusivo del vehículo motorizado.

Por otra parte, muchos usuarios de la bici alegan con justa razón, el uso de las ciclovías por parte de peatones. Para mi el tema de la invasión no es para crucificar a nadie, si no que nuevamente, es producto del escaso espacio urbano que hay para quienes no usan el auto. Las ciclovías han significado en muchas ocasiones, un ensanchamiento de veredas, un espacio de mejor calidad para rodar coches de bebé, sillas de ruedas, pasear tomados de la mano…

Ah y para el conocimiento de muchos ciudadanos que creen que ellos son los únicos vulnerados. Conozco muchos casos en que son quienes van en bicicleta los que sufren por caidas causadas por caminantes. Sólo para tener como dato: mi amigo Igancio fué empujado con alevosia por un peatón que caminaba por la ciclovía de Antonio Varas, quedando con ua rueda de la bici torcida y rasmilladuras en sus brazos. Afortunadamente no pasó nada más grave. El tipo que empujó a Ignacio, arrancó en una micro.

Pese a todos estos conflictos (entre quienes caminan y pedalean), los riesgos de lesiones graves o muertes son bastante bajos y más aún si los comparamos con los siniestros entre motorizados con peatones y usuarios de la bici. El auto mata.

De cuando manejamos autos

Dentro de esa máquina de metal, con sellado casi hermético, vamos completamente desconcetados del exterior. Fuera del auto hay personas y las más de dos toneladas que llevamos bajo suaves movimientos de nuestros pies y manos pueden causar gran daño e incluso muertes a quienes circulan dentro y fuera de el. El auto también utiliza una buena cantidad de espacio y cuando no nos estamos transportando, la tarea de estacionarlo y/o guardarlo se transforma en un problema. Bien, ese problema privado no tiene por que transformarse en un problema público. No es justo que quienes circulan por veredas vean interumpido su paso porque quien conduce un auto, mal resuelve su problema de estacionamiento, entre muchas otras cosas. Pero me da lata hablar tanto del auto. Ya todos conocemos o hemos sido afectados de alguna forma por las negativas consecuencias urbanas de su uso desmedido.

Del estado

Luz en el caos

Como ya dije al comienzo, claramente acá hay una responsabilidad estatal que no se ha cumplido. El acceso a las vías es un derecho de todos y debe ser en igualdad, con seguridad y comodidad. Así los ciudadanos accedemos a los servicios y actividades que desempeñamos en la ciudad. No olvidemos que todos tenemos el derecho a la movilidad y al acceso de forma cómoda segura y eficiente, independiente del medio de transporte que utilicemos. Ahí es precisamente donde está la falla del estado, quien, pese a más de 20 años de estudios (en el caso de la infra para bicicletas) no ha dado respuestas que realmente beneficien y motiven al uso de la cleta como medio de transporte.

El estado aún le tiene miedo y un profundo respeto al auto. Todo se hace y piensa en su función. Reducir pistas para autos dibuja una mirada de terror en el político que escucha esa propuesta. El fantasma de la congestión pesa sobre cualquier decisión urbana. Y eso es, en parte, porque no entienden que la congestión sólo es causada por el exceso de autos y la única solución es disminuir la cantidad de autos circulando diariamente, mejorando el transporte público e integrando nuevamente en las vías a vehículos como las bicis. Y quiero hacer hincapié en la palabra integrar, ya que no implica necesariamente el abusado concepto de “ciclovía”, si no que una integración, o mejor, una reintegración de la bici implica pacificación del tráfico motorizado a través del diseño urbano y vial, pacificación del motorizado mediante medidas legales, como la disminución de velocidad máxima, mayor fiscalización en las vías, implementación de responsabilidades según el peso, volumen y velocidad del vehículo conducido, mayor rigurosidad en la obtención de licencias, las que deberían incluír un sistema de puntos… etc.

En conclusión no es bueno hablar de una guerra, si no más bien que urge tomar acciones conjuntas, como ciudadanos y estado, que nos lleven a tener una movilidad y un acceso a la ciudad más seguro, cómodo y eficiente para todos.

Muévete en bici hoy, será un buen día. (y hazlo por la calzada)

El auto en las veredas: La respuesta de Ñuñoa

Junto con escribir el post El auto en las veredas, aproveché de enviar una queja formal al municipio de Ñuñoa para denunciar esta conducta por parte de los dueños de automóviles. En dicho post (y reclamo) hacía una reflexión sobre como los autos han invadido la ciudad, en especial las veredas, espacio reservado exclusivamente para las personas que van a pié. La razón principal para esta conducta parece estar en que los dueños de automóviles no quieren que éstos sean dañados, mientras están estacionados, por otros autos que se encuentran en circulación. Para eso la mejor alternativa que encuentran es utilizar las veredas y así sacarlos del “peligro” de la calle. Esta decisión la debemos pagar todos los que utilizamos las veredas, teniendo que hacer maniobras especiales para esquivar autos.

Autos estacionados en la vereda

A diferencia de la vez que envíé un reclamo por la desaparición de la ciclobanda de Diagonal Oriente, donde no hubo respuesta, en este caso el municipio contestó lo siguiente:

Señor Claudio Olivares, buenos días:
Copia de su correo se envió a la Dirección de Seguridad Ciudadana e Inspeción para que ejerza fiscalización diaria al sector aludido.

Se agradece su preocupación por temas viales que van en beneficio de toda esa comunidad.

Atentamente

Jorge Carrasco Méndez, 253-3620 Técnico, Dirección de Tránsito

Ayer, antes de recibir esta respuesta, me extrañó la presencia de un furgón de seguridad ciudadana en la calle donde vivo. Quizás andaba en estos menesteres de fiscalización.

El aviso fue dado, ahora resta ver si habrá resultados reales con esta orden de fiscalizar. De todas maneras, agradezco la respuesta del municipio. Ahora, a la acción.

El auto en las veredas

Autos en la vereda

El estacionar en las veredas, jardines y plazas, es un mal que se está viviendo producto de la saturación de automóviles que hay en la ciudad. No sólo existe la congestión, problema derivado de los automóviles en circulación, si no que también la obstaculización de espacios en teoría, consolidados en el entorno urbano, como lo son las veredas, reservadas exclusivamente para cuando caminamos.

La movilidad es una actividad básica para la subsistencia del ser humano. El derecho a la movilidad está siendo vulnerado por distintas aristas. Las externalidades negativas producidas por el transporte privado en automóvil, afecta a toda la cadena de movilidad, desde cuando conducimos un auto a cuando caminamos.

El uso de las veredas para estacionar era algo que no se veía con tanta frecuencia como sucede ahora. El parque automotriz ha aumentado considerablemente y algunos dueños de automóviles buscan espacio donde ya no queda. La razón aparente para dejar sus autos en las veredas consiste en proteger su vehículo de posibles choques, rayones y pérdidas de espejos por el constante transitar de otros autos, en calles que se han vuelto estrechas por la saturación automotriz. La decisión de usar el auto trae aparentes beneficios para el automovilista, pero una serie de implicancias no gratas al resto de las personas que se desplaza de forma diferente.

Autos en Jardín

Ahora, caminar por la vereda implica sortear una serie de obstáculos. Las parejas deben soltarse de las manos, los coches de bebé deben bajar a la calle y para que decir la tarea que tienen por delante las personas con movilidad reducida.

Se hace necesario aplicar control al automóvil para recuperar espacios que hemos ido perdiendo con el paso de los años. Se han planteado esbozos de solución, que en la gran mayoría de los casos, siempre terminan segregando a las personas para que estas no estorben el camino de los autos; Ciclovías, Rejas, Pasarelas, Semáforos… todos ellos siempre liderados con el argumento de la “seguridad”. La apuesta parece ser eliminar el obstáculo humano del camino de las máquinas.

Ahí es cuando me pregunto. De qué sirve construir ciclovías segregadas, si hoy en día se vulnera, con total impunidad, espacios aparentemente consolidados para la circulación de peatones. ¿Cómo pretender que las personas que conducen automóviles no invadan las ciclovías si ni siquiera respetan las veredas?

Hay demasiado abandono en las labores de fiscalización de tránsito, casi al punto que pareciera que este tipo de conductas urbanas contaran con la aprobación del estado.

Artículo 159 de la ley de tránsito:

Se prohiben las siguientes detenciones y estacionamientos:
…En aceras, pasos de peatones o lugares destinados exclusivamente al tránsito de los mismos;…

Podríamos hacer un minuto de silencio por la letra muerta. Pero no, siento que el asunto puede mejorar y de cada uno de nosotros depende.